La Masoneria es una sociedad, pero no es un club, ni una asociación más, es más bien una Orden iniciática, que cuenta con métodos de trabajo, de reflexión y de investigación, que tienen por objeto el perfeccionamiento moral y espiritual del hombre, y la toma de conciencia de su lugar, de su razón de ser, y de sus responsabilidades para con el habitat en el que se desenvuelve, y en el Universo. La Masoneria constituye una via iniciática, que permite al hombre la libertad de trabajar a su propio ritmo y de superar en todo momento sus propias limitaciones en el camino de su elevación moral y espiritual, superando todos los obstaculos que puedan oponerse a su avance.

 

La vía iniciática utiliza el símbolo, lengua muda que habla al iniciado y le ayuda, por medio de la reflexión y la meditación, a descubrir su ser interior y a situarse en el contexto general de la humanidad y del universo, con el fin de compartir un ideal de libertad, de tolerancia y de fraternidad con los demás, en el respeto de la opinión de cada quien.

 

Sólo será libre aquél que haya logrado superar obstáculos y prejuicios, y que haya tomado conciencia de sus responsabilidades para consigo mismo, para con los demás y que sea capaz de asumirlas.

Sólo es tolerante aquél que trata de comprender a otros, inclusive en los casos en los que no se comparten con ellos las mismas referencias y condiciones de vida, sin que esto implique que se deba aceptar la tiranía, la injusticia y el sometimiento del débil al poderoso.

Sólo es fraternal aquel que sin distinción de raza, condición social, opinión religiosa o filosófica, ayuda a otro moral y materialmente para que éste pueda ejercer sus derechos, y para que tenga  acceso a los recursos necesarios para su desarrollo; es fraternal aquel que es capaz de percibir a su alrededor las necesidades y súplicas frecuéntemente no expresadas, y responder adecuadamente a ellas.

 

Esta noción de fraternidad excluye todo concepto de privilegio que vaya en detrimento de la justicia. La Masoneria no puede ser el trampolín que sirva para el beneficio material de uno de sus miembros si con esto se vulneran los derechos legítimos de los demás.

 

La Masoneria es una sociedad tradicional. Ella bebe de las fuentes de una tradición que ha sido común a toda la humanidad, y que ha revestido a lo largo de la historia diferentes aspectos dependiendo de la época y del lugar, así como también del grado de evolución espiritual del ser humano. Por esta razón ella se define como atemporal y universal, y no tiene necesidad de recurrir a referencias históricas para justificar su existencia o su origen.

 

La Masoneria tiene un caracter que es universal. Dados sus principios de libertad y de tolerancia, ella no está subordinada a ninguna doctrina filosófica particular, ni a ninguna creencia religiosa, ni a ningún modelo político determinado. Ella tiene como deber, no admitir ninguna doctrina o sistema que tenga por objeto limitar al hombre o atentar contra su libertad. Es su obligación rechazar todo tipo de presión, sea este de caracter politico, religioso, o social, incluso que se genere dentro de la propia orden masónica, por situaciones políticas o coyunturales, anejas al verdadero espíritu masónico.

 

La persona que presenta su candidatura debe estar listo y prepararse a obrar activamente en su seno con celo, asiduidad y modestia. Éste es el precio de su progreso dentro de la vía iniciática. Es necesario recalcar que la Masoneria no tiene nada que ver con organizaciones caritativas de tendencia política, religiosa o corporativista. La persona que entra en la Masoneria con esta idea, comete un burdo error. Esto no impide que a titulo personal, sus miembros puedan participar en toda actividad política, filosófica o caritativa que se lleve a cabo en bien de la humanidad. Por el contrario, la comprensión masónica de sus deberes hacia su prójimo, enaltece este tipo de participación, siempre y cuando esta tenga un caracter altruista.